Trucos y trastos

Hubo hace mucho tiempo una época feliz es la que los dulces 100% azúcar refinada y las papitas fritas aun no existían; cuando comer una fruta era un postre delicioso para los niños y los adultos se regalaban frascos de miel en ocasiones especiales.

Pero ahora las madres nos las vemos cada vez más dificil para alejar a nuestros hijos de las bombas de azúcar y grasa que se encuentran en todas las tiendas de la esquina y que se regalan por montones en las fiestas, o como premio por cualquier logro o consuelo por cualquier fracaso.

Como adicta a los postres y madre de una niña super-melindrosa de tres años, me he dado a la tarea de “enriquecer” la comida: hay cambios muy simples como usar espagueti integral en lugar del refinado, o mezclar la salsa catsup con puré de tomate hecho en casa al 50-50 y el básico de SOLO agua entre comidas y SOLO agua con las comidas, licuar el frijol con algo de chayote y calabaza, cebolla y epazote y claro, eliminar el cereal del desayuno para niños que es en realidad azucar-con-chocolate-con-malvaviscos y mucha pintura; y otras pequeñas tretas por el estilo.

Pero si a ustedes les gusta cocinar, también pueden preparar pizzas de masa enriquecida con avena, salsa casera y queso de calidad o pastel de chocolate con verduras o galletas de chispas de chocolate amargo endulzadas con puré de manzana y zanahoria y prácticamente cualquier receta puede ser enriquecida cambiando un 20% del harina refinada por avena, salvado, amaranto etc. incluso la masa de maiz que usamos mucho en México para tamales o empanadas.

Algunos puristas opinan que los niños deben acostumbrarse a los sabores reales de los alimentos desde pequeños y que no debemos “disfrazarlos” y muchas madres ocupadas dirán que no tienen tiempo de cocinar o simplemente que no saben.

Pero yo les digo que cualquier esfuerzo por mínimo que sea que podamos hacer vale la pena, que nuestros hijos valen los trastes sucios que se acumulan despues de una tarde de repostería y que si no saben cocinar compren harina preparada de Betty Crocker y a la receta le agregen un frasco de verduras de gerber y un poco de avena: el resultado es un pan igual o más rico en sabor pero mucho más nutritivo que cualquiera que puedan comprar y lleno del amor que solo mamá (o papá) le pueden dar.

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